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Bibliotecas

(Algunas) bibliotecas y “los más pequeños”

En la biblioteca (c) Aaron Muderick (http://www.flickr.com/photos/amuderick/1105102241/)

Hacía ya bastante que quería tratar este tema pero lo iba posponiendo. Tal vez porque no tengo demasiado clara mi postura al respecto y porque vivo una contradicción importante entre la teoría y la práctica: entre lo que he leído sobre el tema y sé que puede hacerse y lo que vivo personalmente en nuestras visitas familiares a las bibliotecas.

He leído y conozco de las bondades del acercamiento a los libros y a la literatura de los niños desde muy pequeños, desde la cuna (Reflexiones en torno de los bebés y la lectura, por Glòria Gorchs; Nascuts per llegir: un programa de promoción de la lectura para niños de 0 a 3 años). También lo he podido comprobar con mis hijas. Y es un tema que me parece tan fascinante, interesante, importante y pertinente que, de las ganas de comunicarlo y hacer que otras familias lo vivieran, nació precisamente este blog. Desde este punto de vista más teórico (o quizás idealista) siempre recomiendo a otras familias que vayan con sus hijos y bebés a las bibliotecas. Y, sin embargo, a veces dudo de que sea realmente una buena idea.

Sé que hay bibliotecas donde las secciones infantiles son un verdadero paraíso (Biblioteca Can ButjosaBiblioteca Xavier Benguerel). También sé que hay mucha gente en las bibliotecas públicas que trabajan porque así sea y para que cada vez sean más (Bib Botó, Grup de Treball de Biblioteques infantils i juvenils). Pero la realidad es que, como en muchos otros aspectos que afectan a la educación de los niños, poder disfrutar de ellas es una lotería. Un juego de azar que tiene que ver con que todos los que rodeamos y contribuimos en la educación de un niño somos, además de adultos, personas. Y como tales tenemos opiniones, ideas, educaciones, teorías, maneras de hacer radicalmente distintas. Así, en la práctica, la visita a una determinada biblioteca con un niño o un bebé puede no sólo ser una mala idea sino un error que marque aquella familia de manera que no quieran volver y que vean confirmada su equivocada idea de que “les bibliotecas no son lugar para los niños pequeños y los bebés”.

Actualmente muchas bibliotecas tienen sección infantil e incluso bebeteca, un rincón especialmente indicado para bebés de 0 a 3 años (a veces de 0 a 6 años). Las bibliotecas de nueva construcción o las que se han reformado últimamente incluso tienen la zona dedicada a “los más pequeños” totalmente separada del resto de la biblioteca o aislada acústicamente. Pero incluso en estos casos no es extraño encontrarse con que el personal de la biblioteca lucha permanentemente contra lo que ellos conciben como “ruido” o “actitudes reprobables” de los pequeños y que yo veo como “su particular manera de leer”.

“Los más pequeños” leen mirando, descubriendo, sorprendiéndose, tocando, mordiendo, jugando. También escuchando a un adulto que les lee en voz alta o comparte con ellos estos descubrimientos, les muestra detalles que no habían visto y, en definitiva, interacciona con ellos. Todas estas actitudes implican hacer “un cierto ruido” o más bien son incompatibles con el total y absoluto silencio.

En la bebeteca, (c) noticiasmias2002 (http://www.flickr.com/photos/noticiasmias2002/337507465/)

No querría que se confundiera lo que estoy planteando con un intento de quitarme de encima mi deber como madre de educar a mis hijas. De enseñarles cuando hay que estar callados (o los más callados posible), cuando hay que quedarse quieto (o lo más quieto posible), cuando hay que obedecer. También sé que los niños hacen ruido cuando juegan, cuando tienen una rabieta, cuando “no se portan bien”.  Y soy plenamente consciente de que una biblioteca no es un parque o un lugar donde “aparcar” a los críos cuando no sabemos qué hacer con ellos y que ellos, los niños, cuanto más pequeños, tienen un tiempo limitado de interés hacia una actividad concreta y que no hay que forzar la máquina. Pero, de verdad que una criatura de un año que mira con placer un libro y exclama “miau” mientras señala la ilustración de un gato con el dedo no está leyendo sino molestando? Y, si la lectura en voz alta es tan positiva, ¿cómo es que los padres que leen cuentos a sus hijos en una biblioteca deben hacerlo siempre en un tono de voz prácticamente inaudible? ¿No sería mucho más bonito que su lectura invitara a otros niños a acercarse a escuchar y mirar también ese libro?

Personalmente la mayoría de veces que voy a la biblioteca me macho de allí pensando que estamos mucho mejor en casa. Lamentablemente en la biblioteca nunca podemos relajarnos. Cuando no es alguien que hace callar directamente a los niños es una mala mirada hacia las niñas o hacia mí. Y, si tenemos suerte y el rato más o menos tranquilo siempre podemos encontrarnos con la incomprensión en la zona de la salida (lejos de las salas de lectura y consulta), cuando yo estoy gestionando el préstamo y ellas cometen el error mortal de jugar mientras esperan. En casa, en cambio, las niñas miran los libros, los leen, los escuchan y los compartimos todos juntos en un ambiente relajado y libre. Lo que no significa que no haya normas: los libros no se rompen (como tampoco se rompen los juguetes o cualquier otro objeto de la casa) y tienen un lugar donde hay que guardarlos cuando dejamos de leer (también igual que el resto de juguetes y objetos). Pero sé que aquí el ambiente promueve que ellas siempre puedan relacionar la lectura con algo positivo y que las hace disfrutar.

Y sin embargo me molesta esta situación. Porque creo que no debería ser así. Que hay suficiente conocimiento del tema y recursos invertidos como para que los niños más pequeños se consideren en el contexto de una biblioteca como lo que verdaderamente son: los lectores (los usuarios) del futuro, y no como una suerte de usuarios de segunda, un mal necesario pero molesto que entorpece el quehacer tranquilo y diario del equipamiento. También porque muchos niños, que no disponen en casa de un ambiente propicio a la lectura, deberían poder encontrarlo en la biblioteca.

Y, finalmente, lo que me resulta particularmente doloroso es ver que estos espacios que tanto me gustan, llenos de recursos pero fundamentalmente de libros, muchas veces no son otra cosa que salas de estudio donde jóvenes y no tan jóvenes que no tienen otro lugar donde trabajar o estudiar conectan sus portátiles y se sumergen en sus apuntes o deberes pendientes. Casi nunca los veo leyendo o tomando un libro de los que llenan las estanterías y dan sentido a gran parte de la inversión de la biblioteca (tanto de personal como de monetaria). Eso sí, todos guardan siempre un riguroso silencio.

Acerca de laugorna

Editora i redactora freelance especialitzada en llibre il·lustrat, infantil i per a adults.

Comentarios

Un comentario en “(Algunas) bibliotecas y “los más pequeños”

  1. Está bien claro que los niños tienen su particular manera de “leer” los libros y esa manera no pasa por estar bien sentados y en silencio. Este “pequeño detalle” parece ser que no es tomado en cuenta a la hora de diseñar algunas bibliotecas.

    Publicado por DentAesthetic Corporation | junio 1, 2012, 10:55 am

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